Hola
En esta ocasión quiero escribir acerca de un problema que hasta hace poco me afectaba y que sin darme cuenta, me estaba produciendo ansiedad.
Sucedió que fui participante de un grupo de whatsApp. Como hasta el momento, es posible que te agreguen a un grupo de WhatsApp sin tu consentimiento, a mí me añadieron a un grupo de ex compañeros de la secundaria.
Mi experiencia fue que de pronto un día, en la calle, me encontré con un ex compañero que me pidió mi número de celular, para dárselo a unas ex compañeras que me buscaban; sin saber lo que esto ocasionaría, le dije cual era mi número.
En la tarde de ese día, sucedió que de pronto descubrí que había sido agregada a un grupo de WhatsApp. Hasta ese momento ignoraba cómo funcionaban dichos grupos.
En un inicio me emocionó reencontrarme con ex compañeros de la secundaria y volver a platicar con ellos a través del celular.
Pasé momentos entretenidos con las distintas pláticas que ahí encontraba; sin embargo había algo que, desde ese instante, no me hacía sentir bien.
Con el paso de los días, comencé a sentirme parte de un ambiente extenuante, porque en el grupo se hablaba de temas vanales como: bebidas, fiestas nocturnas, sexo, infidelidades, etc.
Me di cuenta de que no tenía mucho en común con esos ex compañeros de la secundaria y, que tras varios años de no vernos, cada uno tenía un camino muy distinto recorrido.
Continué compartiendo este tipo de conversaciones; tratando de sobrellevar lo mejor posible las pláticas. Después me percaté de que mi celular se iba llenando de contenido insignificante para mí, pues los compañeros solían enviar sus selfies, imágenes de chistes groseros y de sexo, audios molestos, etc. Esto ocasionaba que de manera frecuente, eliminara este tipo de archivos (sólo guardaba las fotografías de los ex compañeros, para recordarlos). Como esto sucedía a diario, llegó el momento en que también a diario, procuraba mantener libre mi celular, de todo este tipo de contenido.
Mantuve silenciado al grupo, intenté no revisar mi celular más de tres veces al día, evité platicar en el grupo (ocasionalmente sólo saludaba); pero todo esto no me sirvió de mucho, aún así continuaba "enganchada" en las pláticas y archivos de los compañeros del grupo.
A diario, era revisar y revisar mi celular. Me volví adicta a él, específicamente al grupo de WhatsApp.
Fue cuando acepté que había un problema con ello y que era necesario dejarlo. Me estaba consumiendo mi bienestar. Descubrí que vivía con ansiedad.
Aunque este problema se generó casi al día siguiente del que formé parte del grupo, no fue sino hasta más de un mes después, que logré dejarlo.
Abandonar el grupo no fue fácil. Me sentía presionada por el que dirán, por quedar mal ante los ex compañeros, no quería que hablaran mal de mí, me preocupaba por parecer una amargada o presumida, si los abandonaba, etc.
Pero a la par que permanecía en el grupo, durante ese más de un mes, me documenté; busqué información al respecto. Miré videos, leí artículos y hablé con mi esposo, acerca de abandonar grupos de WhatsApp.
Gracias a Dios todo esto me sirvió para dar el paso definitivo.
Una mañana, mientras se mandaban saludos de buenos días en el grupo, yo también saludé y me despedí de ellos. Sabía que no existía una fecha en el calendario, donde se me indicara, que ese era el momento para salir, sino que yo debía hacerlo ya.
El argumento que escribí para despedirme de los ex compañeros de secundaria, lo escribí primero en una hoja de papel, para sentirme más firme y segura, y no titubear al escribir en el celular. También escribí posibles respuestas que contestaría, si me insistían en quedarme (lo cual sí sucedió, pero ya había dado el paso decisivo y no iba a dar marcha atrás).
En internet busqué distintas maneras para salir de un grupo de whatsApp. Al final opté por la sinceridad: Me despedí diciendo que abandonaba el grupo porque se me estaba volviendo adictivo el WhatsApp y eso ocasionaba que me distrajera de mis actividades personales, lo cual ya no quería que siguiera sucediendo. Como dije, hubo insistencia a que no me saliera, pero como ya estaba decidida, concluí que para alguna situación especial, nos podíamos comunicar por los celulares, pero hasta ahí, les deseé lo mejor, y salí del grupo de los ex compañeros de secundaria.
Tras ese acto, fue maravillosa la sensación que viví.
Por fin, después de más de un mes, volví a sentirme libre y volví a retomar mi vida. Entonces contemplé mi entorno y me di cuenta de que ya no lo estaba apreciando en toda su plenitud.
Sí, al poco tiempo, experimenté la sensación de estar sola, de perderme las pláticas, chismes y demás; pero ahora, con el pasar de los días, veo que eran más los perjuicios que me ocasionaba participar en el grupo de WhatsApp, que los beneficios que me aportaba. Y ya libre de todos esos perjuicios, descubro que otra vez tengo el control de mi vida; la ansiedad se ha ido y estoy comenzando a disfrutar ese tiempo que dedicaba a atender al grupo de WhatsApp, en otras cosas. Ahora me he estado entreteniendo en actividades como: resolver sopas de letras, escribir aquí en el blog, leer libros...
Me pareció adecuado escribir esta experiencia que me pasó, porque precisamente, una de las finalidades de este blog, es brindar apoyo contra la ansiedad. Y, en lo personal, participar en un grupo de WhatsApp me produjo mucha ansiedad.
Ahora mi teléfono celular, ha tomado el lugar que le corresponde: ser auxiliar para comunicarme con mis seres queridos o con aquellas personas, que realmente necesito contactar o que ellos necesitan contactarme. Así, sí me gusta tener y usar el WhatsApp.
Por todo lo anterior te invito a, que si te encuentras inmerso en un grupo de WhatsApp del que ya no deseas formar parte, simplemente abandónalo. No vivas con ansiedad. Y no te preocupes, que aunque te critiquen, te respetarán y tú volverás a retomar tu tranquilidad.
Saludos y que pases un maravillo día.
¡Disfruta de tu vida!





